
Toda primera vez no es fácil, pero ella estaba a punto de enterarse sin paliativo alguno: vestido negro, zapatos de taco alto y ese pelo azabache larguísimo que la hace inconfundible. No entendía porque no había una mesa, dos sillas y su ropa se iba impregnando con el olor de los choripanes. De pie, frente a la puerta Platinum estaba mí recién estrenada socia con ciento veinte cintillos anaranjados en sus manos y una sonrisa televisiva de esas que sabe sacar de su sillón rojo cuando el betacam de una nota no sale a tiempo. Era el concierto de Collective Soul y nuestro primer trabajo juntas en este mundo apasionante de los conciertos. La noche transcurrió entre corridas, llamadas por nextel, ocho tazas de café y dos cajetillas de Marlboro que devorábamos mientras los periodistas, fotógrafos y camarógrafos llegaban a cubrir el primer show internacional del 2008. Por su puesto, saludaba a todos con grandes abrazos y besos, mientras la mitad de las personas que hacían cola para ingresar querían tomarse una foto con ella. Yo estaba aterrada y pedía a gritos que me trajeran un Red Bull mezclado con manzanilla para pasar esa noche sin que me diera un sincope.
Durante ese año las cosas se fueron dando de la misma manera. Lo único que cambiaba eran sus atuendos de una forma extrema. Al tercer concierto el vestido se había evaporado mágicamente y aparecieron jeans pitillos de impacto que calzaban con zapatillas Puma de colores. Su nextel no dejaba de sonar en los conciertos, al punto que tuve que rogarle que lo apagara porque corríamos el riesgo de interrumpir el show con tanta bulla telefónica y largas conversas a voz en cuello con colegas de todos los medios de comunicación de pugnaban por ingresar al concierto.
Hace más de veinte años que trabajo en el mundo de los shows y creo que nunca me he divertido tanto desde que nos asociamos. Me alegra el día a día y le baja los decibeles a este estresante trabajo. Creo que luego de mucho batallar he encontrado a mi partner perfecta; es que para trabajar en este rubro hay que tener pasión por lo que haces y si no la tienes es mejor que des un paso al costado.
Una tarde, tomándonos un café me dijo muy seria que teníamos que tener un “lugarcito” especial para el tema de las acreditaciones porque eso de colocar cintillos en la calle como que era muy estresante y peligroso. Y lo primero que me vino a la cabeza fue un concierto en que sin darse cuenta un vendedor de caramelos le puso la mano para que lo acreditara y casi….casi se la hace. Tenía razón. Había que buscar un espacio para acreditar y quien nos solucionó el tema porque compartía la misma preocupación fue el productor Tito Vattuone. Es así, como nació el ya conocido por toda la prensa como el “Kiosco de la Felicidad”.
El “Kiosco de la Felicidad” es un simple kiosco de Backus, Coca-Cola o de tela en el que nos guarecemos con nuestros cintillos y vamos acreditando a los periodistas para que hagan su ingreso al concierto. Todo es alegría porque lo llenamos de gaseosas, sanguchitos, granola (a pedido de mi socia) y muchas cositas ricas. Este espacio se ha convertido en nuestra “casita” porque es un lugar especialmente preparado para nosotras y nuestro equipo. El “Kiosco de la felicidad” está siempre ubicado cerca a la puerta Platinum donde acreditamos a la prensa. Es el lugar preferido de los productores, asistentes, seguridades y todo el personal que trabaja en el show porque siempre van a visitarnos, a ver como estamos y a contarnos las últimas novedades del back-stage.
En verdad...! fue una excelente idea! Pero no tomamos en cuenta algo: La popularidad de la Fio. Tener a la Fio en el “Kiosco de la Felicidad” es un problema de marca mayor, pues viene perro, gato y pericote a gritar: ¡Fiorella, Fiorella…. Soy periodista, hablé contigo para que me acreditaras! Por supuesto a muchos de ellos no los hemos visto ni en pelea de perros. Pero allí siguen gritando. Y así nos podemos pasar dos horas escuchando el nombre de Fiorella todo el concierto. Hace un mes decidimos que a pesar de la alegría que se vive en este espacio, Fiorella quedaba desterrada del Kiosco….es decir de la puerta de ingreso para adentro el concierto era todo suyo. Pero el Kiosco pasaba a ser mi territorio. Porque ya que me griten Fiorella a mí me muero de risa, pero que le griten Fiorella a Juanqui, Manuel y a Gino, como que la cosa se pone friki (por los chicos…digo).
Así, que si usted quiere conocer el “Kiosco de la Felicidad” en algún concierto, nos va a encontrar muy cerca de la puerta Platinium y si la suerte lo acompaña va a ver a la flaca y se va a poder tomar una foto con ella. De lo contrario me encontrarán a mí que si no me demuestra que es periodista de diario serio, canal registrado por Ibope, radio con sintonía y web bien visitada va a tener que ir a la boletería y comprar su ticket como Dios manda para disfrutar de ese concierto que tanto ha esperado ver.
Nota de la Columnista: Si!!! Fiorella Rodriguez…la Amistasí…la del paso del Gavilán…
Maya









